Poder versus Autoridad

El buen líder nunca olvida que la autoridad puede agradar al ego pero que el verdadero poder proviene de los resultados, y los resultados provienen de las personas. Un jefe que entiende esto es un buen líder y el que no, es simplemente lo que la jerarquía ha colocado como jefe.

El jefe que cree que el poder procede de la autoridad se arriesga a perder su poder por completo.

Un buen jefe es un líder que consulta con sus subalternos y gerencia a través del consenso. Puede y debe liderar los procesos pero no puede ni debe dejar de lado a sus subalternos.

Una vez un joven gerente, nuevo en su cargo, desde el primer día les impuso a sus subordinados lo que él creía era lo que debía hacerse porque, según él, eso era lo correcto. Sus subalternos, con varios años de laborar en la empresa y, consecuentemente, con bastante experiencia hicieron lo que el nuevo gerente les solicitó aunque sabían que esas ideas ya se habían ensayado antes sin ningún resultado, pero dado que el jefe se las impuso en vez de consultarlas antes con ellos, se limitaron a seguir sus instrucciones sin chistar. Pasado un mes, llegaron a la oficina del joven gerente y le dijeron “seguimos sus instrucciones pero no dio resultado, lo sentimos mucho”. El jefe se encontró completamente desautorizado y tuvo que volver a empezar de cero, con un nuevo enfoque, pero con una derrota ante sus subordinados. Dio su primer paso con el pie equivocado.

Ahora bien, si el poder no proviene de la autoridad, ¿para que sirve la autoridad?

La autoridad no es más que el instrumento para conseguir el poder, pero no es el poder en sí mismo. Las personas que tienen más autoridad en una empresa no siempre son las personas que ostentan mayor poder. Erróneamente, la gerencia convencional piensa que al empoderar –darle poder- a un subalterno se está trasladando la toma de decisiones y la libertad de acción a niveles inferiores en la escala jerárquica, pues el jefe líder –quien ostenta el poder- así lo transfiere a sus subordinados. Esto es un error pues el empoderar no es una cuestión de tomar poder desde lo alto y difundirlo por toda la empresa.

Por el contrario, el jefe que es líder sabe que sus trabajadores ya tienen poder, solo por el simple hecho de desempeñar su rol dentro de la compañía. Ese es el poder de sus habilidades, de su compromiso con el trabajo y de su pasión por el trabajo. Este poder nunca ha estado en manos del jefe por lo que no se lo puede entregar a sus empleados.

El poder verdadero es un poder que el jefe reconoce y valora creando un entorno en el cual ese poder se pueda expresar para el bien de todos. Es un poder con su gente, no es un poder sobre su gente. A su vez, el poder del jefe no proviene de su autoridad sino de sus conocimientos, de su experiencia y de su compromiso.

La verdadera tarea del jefe consiste en unir el poder de sus trabajadores con el suyo propio para producir los mejores resultados para todos en la compañía. Al hacerlo, se gana el respeto de sus subordinados y, de forma automática, obtiene autoridad, una autoridad debidamente ganada no impuesta por su nivel jerárquico.

Justicia tica al desnudo

Acabo de ver la adaptación teatral de la novela Der Prozess (El Proceso) de Franz Kafka, realizada por Alejandro Finzi, dirigida por Luis Thenon y puesta en escena, en coproducción, por el Teatro Universitario y la Compañía Nacional de Teatro, en el Teatro de la Aduana.

Tuve la oportunidad de ver la película The Trial (El Proceso – 1962), de Orson Welles, disponible en Netflix, pero ¡yo prefiero el teatro!

ESPAÑA CÓMIC KAFKAEn El fatal destino de Josef K vive en el teatro, Luis Thenon sintetiza por qué es importante que compartamos la frustración que sobrecogió al personaje principal de la obra, Josef K: “Kafka denuncia así lo absurdo de todo sistema inamovible, más allá del simple aparato judicial. Su personaje es acusado de un crimen que él ignora y juzgado según leyes que nadie puede explicarle. Abriendo continuamente nuevas puertas, solo logra encerrarse cada vez más sin que su inteligencia pueda impedir que la máquina lo destruya”.

“La tragedia de Josef K es nuestra tragedia porque nuestra vida cotidiana está plagada de imposibles”, dice François Girard, quien dirigió una interesante versión escénica en Montreal (Canadá). Para Girard, la vida de Josef K es un enigma nunca resuelto, una cadena de situaciones siempre inacabadas, en las que se entrelazan las presencias de poderes invisibles o mostrados desde ángulos falaces que confrontan a Josef K con una permanente sensación de culpabilidad.

También, recomiendo leer la muy bien lograda crítica que hiciera Fernando Chaves en ‘El proceso’, un ataque frontal a la burocracia que nos degrada. El problema no es que la impericia de la justicia costarricense nos degrade, el problema es que el daño es irreversible. Mi única diferencia con Chaves.

Como víctima del sistema judicial costarricense y las arbitrariedades de su Fiscalía, me es imposible evitar que esta obra me retrotraiga a los dolorosos momentos que sufrí durante “mi proceso”. Un proceso de cuatro años que nunca tuvo forma y que nació como una inspiración maquiavélica de un periodista (terrorista de la información) de un medio de comunicación poderoso y su director, todo con un asqueroso tufo a favor y cálculo político.

Una vez, la tercera de los seis fiscales que tuvieron a cargo “mi proceso” me dijo: “don Olman, usted ¿de qué se preocupa?; si al final, usted va a poder demandar al medio de comunicación y al Estado”. Y con esa falta de objetividad procesal, me mantuve durante los últimos tres años de mi vida, con la única esperanza de poder, en su momento, entablar las respectivas demandas que, por cierto, ya están cursando en los escritorios de mis abogados.

En mi caso, y gracias a Dios, no corrí con la misma suerte que Josef K. Nunca hubo una sola prueba en mi contra, salvo las ocurrencias del periodista que alimentaron el expediente en la Fiscalía. No morí y, menos, me mataron físicamente. Aunque, a nivel moral, me causaron una muerte civil.

Estoy seguro de que si Kafka pudiera reescribir Der Prozess hoy, definitivamente le agregaría tinte político y Josef K, en lugar de ser visitado por los policías Franz y Willem, primero sería perseguido por periodistas quienes, en clara violación del principio de inocencia que garantiza nuestra Constitución, serían los que lo juzgarían ante la opinión pública. Y con un simple “el fulano se abstuvo de dar declaraciones”, para la masa, el perseguido ya es culpable.

Los invito a ver “El Proceso”, en el Teatro de la Aduana, una pieza teatral que demuestra como se administra la justicia en Costa Rica.

Evolución política en Costa Rica

Le invito a leer una definición de las características de lo que el costarricense llama partidos políticos:

En Costa Rica no existen los partidos políticos de orientación o tendencias definidas. Cada cuatro años, uno antes de terminar su periodo de Gobierno el Presidente de la República, se forman tantas agrupaciones como candidatos haya para la campaña electoral que se inicia.

Alrededor de un hombre de mérito y prestigio bastantes para llamar la atención pública, se forman los partidos políticos, cuyo distintivo se reduce a agregar al nombre del candidato las sílabas “ista” y con eso y una insignia de colores aislados o combinados, queda listo el partido para entrar de lleno en una lucha ardiente de prensa, propaganda personal, discursos, desfiles e improperios contra él o los candidatos contrarios. Cualquiera que no conozca el sistema nacional, desde luego tampoco constituye una excepción en el mundo, supone que ya va a ser imposible la armonía entre la pequeña familia costarricense, tal es el calibre de la artillería que se dispara, especialmente en los últimos dos meses de propaganda. Sin embargo, la sangre no se derrama, ni la paz se altera por esas explosiones de repetición invariable cada cuatro años. Terminada la lucha, las aguas recobran su nivel, los agravios se cancelan, los entusiasmos se apagan y vuelve la vida a su estado normal de absoluta tranquilidad para repetir el mismo disco duro cuatro años más tarde, con otros nombres y su “ista” de rigor.

VOTE

Esta definición fue acuñada por don Alberto Quijano Quesada, en su libro “Costa Rica ayer y hoy”, publicado por la Editorial Borrasé Hermanos, en 1939.

Desde entonces, nacieron Liberación Nacional, lo que hoy es la Unidad con todas sus variables hasta la fecha y, de más reciente data, Frente Amplio, Acción Ciudadana, Movimiento Libertario, y algunos otros efímeros por ahí.

Hoy, setenta y seis años después de que don Alberto Quijano nos ilustrara, les pregunto: ¿en qué ha cambiado la política costarricense?

Señorías, el problema de la política costarricense es simple: no ha evolucionado.